Argentina se posiciona como uno de los protagonistas emergentes en el mercado global de minerales críticos gracias al impresionante boom del litio y a las expectativas por la expansión de la minería de cobre, factores que están redefiniendo la matriz productiva y exportadora del país en plena transición energética mundial.
Durante 2024, la producción de litio en Argentina experimentó un crecimiento récord del 109 %, alcanzando unas 96.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), lo que convirtió al país en el octavo mayor productor mundial de este mineral estratégico para las baterías de vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos.
Este salto productivo, impulsado por fuertes inversiones y un incremento notable en la exploración, colocó a Argentina como cuarto destino mundial en atracción de inversiones para litio en 2024, con alrededor de US$ 127 millones destinados a esta industria.
Además, Argentina concentra cerca del 20 % de los recursos globales de litio, formando parte del Triángulo del Litio, junto con Chile y Bolivia —una región clave que alberga la mayor proporción de reservas de este mineral en el planeta.
La producción y exportación de litio se ha convertido en un motor estructural para la economía minera argentina, transformando la canasta de exportaciones: mientras el oro sigue liderando, el litio ha desplazado a la plata en importancia desde 2022.
Si bien el litio ha mostrado resultados tangibles, el cobre emerge como una promesa de mayor escala futura para la minería argentina. El país cuenta con aproximadamente 116 millones de toneladas de recursos de cobre, aunque aún no ha alcanzado una producción industrial comparable a la de sus vecinos Chile o Perú.
Proyectos de gran envergadura como Josemaría, Filo del Sol, Taca Taca, Los Azules, Agua Rica y El Pachón concentran la atención tanto de inversionistas como de autoridades, y podrían transformar a Argentina en un actor relevante dentro del mercado global de cobre, un metal clave para redes eléctricas y equipos de energía renovable.
La importancia del cobre se suma al contexto global: la demanda creciente, liderada por China con cerca del 50 % del consumo mundial, refleja su papel indispensable en la transición energética.
Los últimos datos disponibles muestran cómo las exportaciones mineras argentinas pasaron de US$ 3.248 millones en 2019 a aproximadamente US$ 4.674 millones en 2024, reflejando un crecimiento constante que ya representa cerca del 6 % de las exportaciones totales del país.
El litio ha sido un factor central en este crecimiento exportador, impactando no solo en la cantidad sino también en el perfil de los productos que Argentina lleva al mercado internacional.
A pesar del avance, el desarrollo minero argentino enfrenta importantes desafíos:
La relación reservas/recursos de litio aún es relativamente baja comparada con otros países productores como Chile o Australia, lo que indica que hay mucho potencial por explotar pero también retos de inversión y exploración.
La infraestructura para proyectos de cobre requiere mejoras significativas, incluyendo energía, transporte y logística, para que las operaciones puedan escalar a niveles industriales competitivos.
La volatilidad de precios en el mercado global de minerales, especialmente del litio, ha generado altibajos que exigen estrategias claras para estabilizar ingresos y atraer capital sostenible a largo plazo.
No obstante, la combinación de recursos abundantes, un entorno regulatorio cada vez más favorecedor para la inversión extranjera y la demanda internacional de minerales críticos sitúan a Argentina en una ventana de oportunidad clave para convertirse en un protagonista estratégico de la transición energética global.
Analistas e inversores coinciden en que, si Argentina logra consolidar su producción y atraer capital para ampliar la infraestructura minera, sus exportaciones de litio y cobre podrían experimentar un crecimiento sostenido en la próxima década, con proyecciones que lo posicionarían como un punto neurálgico en la cadena global de suministro de minerales críticos.
En ese contexto, el desarrollo de la industria minera no solo tiene implicaciones económicas, sino también sociales y tecnológicas, pues abrirá puertas para nuevos encadenamientos productivos ligados a la electromovilidad, almacenamiento energético y tecnologías verdes alrededor del mundo.