En 2026, el mapa energético de América Latina vive una transformación histórica con el ascenso de Brasil como el principal productor de petróleo de la región, desplazando a Venezuela, que por décadas mantuvo un liderazgo indiscutible gracias a sus enormes reservas de crudo. Este cambio no solo altera el equilibrio regional, sino que también fortalece la posición de Brasil en el mercado energético global.
Durante 2025, Brasil logró una producción de aproximadamente 3,77 millones de barriles diarios de petróleo, alcanzando cifras inéditas que lo ubican como líder absoluto en América Latina y posicionándolo entre los diez mayores productores mundiales de crudo. Este logro refleja el resultado de una política energética enfocada en la exploración de yacimientos en aguas profundas y ultraprofundas, especialmente en las cuencas del presal, donde campos como Búzios y Mero destacan por su alta productividad.
Este avance fue posible gracias a inversiones tecnológicas, alianzas estratégicas con compañías internacionales y un entorno regulatorio que ha facilitado la expansión de la industria petrolera brasileña. El enfoque sostenible de largo plazo también ha permitido que Brasil consolide su lugar en el mercado global, compitiendo con potencias energéticas tradicionales.
Mientras Brasil escala posiciones, Venezuela, con las reservas probadas más grandes del planeta ubicadas en la Faja Petrolífera del Orinoco, ha visto disminuir su producción en comparación con décadas anteriores. Las sanciones internacionales, la falta de inversiones y los problemas operativos en su infraestructura han limitado su capacidad para explotar todo su potencial energético. Aunque sigue siendo uno de los países con mayor riqueza geológica, su producción efectiva se ha visto superada por el crecimiento brasileño.
La transformación del liderazgo petrolero en América Latina no significa que otros países hayan quedado fuera de juego. México, por ejemplo, continúa siendo un actor relevante con cifras de producción importantes, aunque por debajo de Brasil. Asimismo, Guyana emerge como un competidor en crecimiento acelerado tras recientes descubrimientos offshore y proyectos liderados por empresas internacionales, que proyectan un aumento sostenido de su producción en los próximos años.
Este nuevo orden energético refleja un fenómeno más amplio: la incorporación de tecnologías avanzadas, la diversificación de socios estratégicos y la adaptación a las exigencias del mercado global. Además, pone de manifiesto cómo las políticas de largo plazo y las inversiones enfocadas en innovación pueden cambiar las dinámicas competitivas en un sector clave para el desarrollo económico.
A nivel mundial, la producción petrolera sigue siendo dominada por grandes potencias como Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia, Canadá y China, pero el ascenso de Brasil lo sitúa en una posición estratégica dentro del top 10 de productores de crudo. Esta ubicación no solo fortalece su economía, sino que también le da mayor influencia en los mercados internacionales de energía.
El cambio en la configuración del liderazgo energético latinoamericano demuestra cómo la combinación de recursos naturales, tecnología, inversiones sostenidas y estrategias regulatorias puede generar dinámicas nuevas en sectores tradicionales. Con este panorama, Brasil se perfila como un actor clave en la reconfiguración del futuro energético de América Latina.