Estados Unidos redujo sus plataformas activas de 750 en 2022 a 517 en 2025, pero aun así alcanzó producción récord de petróleo y gas gracias a tecnologías más eficientes.
La industria ahora prioriza optimización, automatización y reducción de costos en lugar de expandir infraestructura.
Este modelo más eficiente fortalece la competitividad de EE.UU. y puede presionar los precios internacionales, afectando a exportadores latinoamericanos.
Países como México, Brasil, Colombia, Argentina y Ecuador enfrentan el reto de competir con un productor más tecnológico y resiliente.
El fenómeno es un caso clave para la formación técnica en perforación, gestión de activos y digitalización del upstream.
El mensaje central: menos plataformas, más eficiencia, mayor productividad y un nuevo paradigma para el sector petrolero global.
La industria petrolera estadounidense atraviesa un momento de transformación profunda. Aunque la actividad de perforación registra una caída significativa en los últimos años, la producción de petróleo y gas continúa marcando niveles récord, impulsada por avances tecnológicos y estrategias operativas orientadas a maximizar cada barril extraído. Así lo confirmó la U.S. Energy Information Administration (EIA) en su último informe publicado el 17 de noviembre de 2025.
De acuerdo con los datos oficiales, el número promedio de plataformas activas en los “Lower 48” —la región continental de Estados Unidos donde se concentra la mayor actividad de shale oil y shale gas— descendió de 750 plataformas en diciembre de 2022 a solo 517 en octubre de 2025. Esta reducción, cercana al 31%, refleja un cambio estructural en la dinámica del upstream estadounidense.
Sin embargo, este descenso no se ha traducido en una caída de la producción. Por el contrario, el país continúa operando en niveles récord de extracción, demostrando que las nuevas tecnologías de perforación horizontal, los sistemas de recuperación mejorada y la optimización de pozos permiten obtener más crudo y gas con una menor cantidad de infraestructura activa. Empresas del sector han logrado incrementar la productividad por pozo, extraer más barriles por día y reducir los tiempos de perforación, generando un modelo operativo mucho más eficiente.
Para los analistas del mercado energético, esta coyuntura marca una tendencia clara: la industria petrolera de Estados Unidos ya no depende de aumentar el número de plataformas para sostener o ampliar su producción. El enfoque estratégico gira ahora en torno a:
Mejoras de eficiencia en cada etapa del ciclo del pozo.
Reducción de costos operativos y de mantenimiento.
Tecnologías de automatización, análisis de datos y optimización de perforación.
Infraestructuras más inteligentes, no más numerosas.
Este contexto plantea un escenario donde los márgenes operativos son más ajustados y donde las compañías buscan maximizar la rentabilidad a través de la sofisticación tecnológica y no necesariamente de la expansión física.
Desde la perspectiva global, la capacidad de Estados Unidos para mantener y crecer su producción con menos plataformas redefine la competencia internacional. América Latina —productora clave de crudo pesado y medio— podría enfrentar efectos mixtos:
Menor dependencia energética de EE.UU. implica una mayor autonomía en su mercado interno.
Mayor disponibilidad de crudo ligero estadounidense podría presionar precios internacionales o desplazar ciertos volúmenes de exportación de la región.
Cambios en las cadenas de refinación podrían modificar la demanda de mezclas y calidades específicas de crudo provenientes de países latinoamericanos.
Para países como México, Argentina, Colombia, Brasil o Ecuador, esta tendencia representa un reto adicional: competir con un EE.UU. más eficiente, con costos operativos reducidos y mayor resiliencia ante ciclos de precios bajos.
Este fenómeno ofrece, además, un valioso caso de estudio para programas formativos especializados en energía e hidrocarburos. Para instituciones que desarrollan cursos en áreas como perforación, operación de pozos, gestión de infraestructuras, riesgos operacionales y transición energética —como los que tú gestionas, Mabel—, este cambio estructural es una oportunidad pedagógica.
La industria está enviando un mensaje claro:
el futuro del upstream no está en tener más plataformas, sino en tenerlas más eficientes.
Esto permite reforzar contenidos como:
Innovación en perforación direccional.
Gestión eficiente de activos críticos.
Optimización de producción con menos infraestructura.
Digitalización, automatización y análisis avanzado de datos.
Seguridad operativa con recursos optimizados.
La reducción del número de plataformas activas, acompañada de una producción récord, demuestra que Estados Unidos ha logrado consolidar un modelo operativo más moderno, automatizado y competitivo. Esta nueva realidad desafía a otros productores globales y redefine la dinámica de mercado hacia un enfoque donde la eficiencia y la tecnología son los pilares del crecimiento.
El sector petrolero estadounidense avanza hacia una etapa donde cada plataforma cuenta, cada pozo es optimizado al máximo y cada decisión operativa se apoya en datos, sistemas inteligentes y estrategias de rentabilidad. Para América Latina, para empresas del sector y para quienes forman talento especializado, comprender esta transición es clave para adaptarse a un entorno energético cada vez más exigente y competitivo.