Las reservas de petróleo en Cushing, Oklahoma, el principal nodo de almacenamiento y fijación de precios del crudo de referencia estadounidense West Texas Intermediate, descendieron a 21,6 millones de barriles según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), situándose peligrosamente cerca del umbral mínimo de operatividad estimado en 20 millones de barriles.
Un sistema de distribución al límite
Cushing concentra la red de oleoductos que abastece refinerías en todo el territorio estadounidense y opera en condiciones normales con aproximadamente 40 millones de barriles almacenados, sobre una capacidad total de 75 millones. Por debajo de los 20 millones, los residuos viscosos que quedan en el fondo de los tanques resultan en gran medida inutilizables y la presión en los oleoductos no puede mantenerse de forma adecuada, lo que compromete el abastecimiento a las refinerías.
«Al igual que ocurre con la presión arterial en el cuerpo humano, el problema radica en la circulación. El sistema no falla porque el petróleo desaparezca, sino porque la red ya no cuenta con suficiente volumen operativo», señaló Natasha Kaneva, directora de estrategia de materias primas de JPMorgan.
Demanda récord y exportaciones aceleran el vaciado
El descenso acelerado de los inventarios responde al papel que ha asumido Estados Unidos como proveedor de último recurso para regiones que habitualmente se abastecen de crudo proveniente de Medio Oriente. La demanda de petróleo estadounidense alcanzó máximos históricos durante el conflicto con Irán, y el ritmo de extracción desde Cushing ha superado la capacidad de reposición de los productores nacionales. Solo en la última semana registrada, otras instalaciones comerciales de almacenamiento fuera de Cushing perdieron 7,2 millones de barriles adicionales.
La situación se extiende a otros productos refinados: las reservas de diésel de Estados Unidos tocaron recientemente su nivel más bajo desde 2003, mientras que los inventarios de gasolina se ubican aproximadamente un 5 % por debajo de los registros del año anterior.
Señales de alarma desde la industria y organismos internacionales
Ejecutivos de las principales empresas del sector han advertido públicamente sobre el deterioro de los inventarios. Neil Chapman, vicepresidente sénior de ExxonMobil, describió los niveles actuales como «insólitos» y alertó que, una vez alcanzado ese punto de quiebre, «los precios se disparan». Mike Wirth, director ejecutivo de Chevron, coincidió en que unos inventarios extremadamente bajos se traducirán en precios más elevados en las próximas semanas.
A escala global, las existencias comerciales de petróleo en las naciones más ricas del mundo caen a un ritmo de 6,3 millones de barriles diarios y se sitúan apenas 100 millones de barriles por encima de los niveles críticos de operatividad, según estimaciones de Capital Economics. El 29 de mayo, los máximos responsables de la Agencia Internacional de la Energía, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio emitieron un comunicado conjunto advirtiendo que el agotamiento récord de las reservas mundiales representa riesgos crecientes para la seguridad del suministro y la estabilidad económica global.
Posibles respuestas y escenarios inmediatos
Entre las opciones analizadas figura una eventual prohibición de exportaciones de crudo estadounidense, medida que podría frenar el vaciado de Cushing pero que cuenta con escaso respaldo político y podría derivar en precios más altos a largo plazo. La alternativa es permitir que los mecanismos de mercado corrijan el desequilibrio, lo que históricamente ha resultado en fuertes alzas de precios: episodios similares de inventarios en mínimos operativos coincidieron con los picos de 2008, 2022 y 2023. El director ejecutivo del American Petroleum Institute, Mike Sommers, declaró que el sector «está dando la voz de alarma» ante niveles que «empiezan a preocupar».