Una excepción poco difundida en el embargo petrolero estadounidense contra Cuba ha permitido que empresas privadas de la isla importen combustible desde Estados Unidos, generando un mercado informal de reventa que opera desde apartamentos residenciales y redes sociales, según información publicada por Reuters el 11 de agosto de 2026.
El origen del suministro alternativo
El corte abrupto de los envíos de petróleo provenientes de Venezuela y México, ocurrido tras la caída del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero de 2026, dejó a Cuba sin sus principales proveedores históricos. Buques de la Guardia Costera estadounidense patrullan las aguas cercanas a la isla, y las sanciones vigentes han disuadido a tanqueros de otros países de acercarse. Ante ese escenario, el Gobierno cubano autorizó en febrero de 2026, por primera vez, que empresas privadas importaran combustible para uso propio. Entre febrero y mayo, ingresaron aproximadamente 900,000 barriles de combustible estadounidense, volumen equivalente a unos nueve días de consumo nacional.
Un mercado informal de reventa toma forma
La llegada de ese combustible ha alimentado un dinámico circuito de reventa que opera al margen de los canales estatales. Gasolina almacenada en apartamentos se comercializa a través de grupos de WhatsApp y publicaciones en Facebook, mientras que al menos una empresa autorizada promocionó su diésel a granel en redes sociales mediante un video viral protagonizado por una modelo cubana, con el tema musical «Gasolina» de Daddy Yankee como fondo. Los precios del mercado negro llegaron a 10 dólares por litro —unos 38 dólares por galón— durante la primavera de 2026, antes de moderarse con el aumento progresivo de las importaciones. En julio, el litro de gasolina se conseguía por cinco dólares en algunos puntos de venta informales del centro de La Habana.
Reformas legales abren el sector a privados y extranjeros
En junio de 2026, la Asamblea Nacional cubana aprobó un paquete de reformas económicas orientado a incorporar inversión privada y extranjera en el sector energético. A finales de julio, cerca de 200 empresas habían recibido autorización para distribuir combustible al por mayor entre compañías privadas. El primer ministro Manuel Marrero Cruz confirmó además la aprobación de la primera inversión extranjera destinada específicamente a importar y comercializar combustible en territorio cubano, sin revelar la identidad de la empresa involucrada. Algunas estaciones de servicio estatales ya almacenan combustible de origen estadounidense, aunque su suministro está restringido a vehículos registrados a nombre de determinadas firmas privadas, según Oniel Díaz, fundador de la consultora habanera Auge.
Impacto desigual sobre la población
El nuevo esquema agudiza las brechas económicas existentes. Con un salario estatal promedio de alrededor de 10 dólares mensuales, el acceso al combustible importado resulta inviable para la mayoría de los nueve millones de cubanos. El colapso del transporte público, agravado por la escasez de carburante estatal, contrasta con la disponibilidad de taxis privados que, abastecidos con combustible del mercado informal, cobran tarifas hasta 500 veces superiores a las del autobús. Al mismo tiempo, generadores alimentados con diésel importado mantienen en funcionamiento a restaurantes y comercios privados durante los frecuentes apagones que afectan la red eléctrica nacional.
El presidente Miguel Díaz-Canel rechazó el 29 de julio cualquier interpretación de las reformas como una concesión a Washington, y descartó una privatización masiva de activos estatales. Por su parte, el Departamento de Estado estadounidense confirmó que empresas privadas, organizaciones no gubernamentales y misiones diplomáticas pueden importar combustible hacia Cuba, en su mayoría desde territorio estadounidense, pero no se pronunció sobre el impacto de esas importaciones en la formación del mercado negro de combustibles.