El precio del oro cerró el segundo trimestre de 2026 con una caída del 14%, su mayor retroceso trimestral desde junio de 2013, cuando el metal llegó a perder un 22% en plena resaca de la crisis financiera global. Al cierre del período, la onza cotizaba en torno a los 4.000 dólares (aproximadamente 3.525 euros), un 25% por debajo de los máximos históricos registrados a finales de enero pasado, cuando rozó los 5.600 dólares.
El conflicto en Irán y el giro de la Reserva Federal, principales factores de presión
Dos fuerzas convergentes explican el deterioro del metal precioso durante el trimestre. Por un lado, la guerra en Irán generó una paradoja: en lugar de impulsar al oro como activo refugio tradicional, los episodios de bombardeos y treguas efímeras empujaron a los inversores hacia otros instrumentos. Incluso el alto el fuego que comenzó a principios de abril no logró revertir la tendencia bajista.
Por otro lado, el repunte de las expectativas de subida de tipos en Estados Unidos agravó la situación. La inflación estadounidense alcanzó el 4,2% —su nivel más elevado en tres años—, lo que reavivó las apuestas sobre una política monetaria más restrictiva. La Reserva Federal, en su primera reunión bajo la conducción de Kevin Warsh, mantuvo los tipos sin cambios, pero los mercados de futuros sobre fondos federales ya asignan más del 50% de probabilidad a una subida después del verano, frente a menos del 30% registrado apenas una semana antes.
«El reajuste de expectativas sobre la Fed, junto con la resistencia de los datos macroeconómicos de EE UU, ha sido el principal factor que ha empujado al oro a la baja», señaló Michael Hsueh, analista de Deutsche Bank, en un informe reciente.
El dólar gana terreno como refugio en detrimento del metal amarillo
El repliegue del oro coincide con el fortalecimiento del dólar, que avanzó un 1,3% en el último trimestre y un 3% en lo que va del año, según el índice DXY. La divisa estadounidense ha recuperado parte del protagonismo que históricamente compartía con el metal, apoyada en su papel como referencia en el comercio internacional de crudo y en la consolidación de Estados Unidos como exportador energético de relevancia global.
Analistas de UBP estimaron en una nota reciente que «el oro cotizará hacia la parte baja de sus rangos mientras no haya mayor claridad sobre el desenlace del conflicto en Oriente Medio». En ese escenario, el dólar ha absorbido parte de la demanda de cobertura que antes recaía sobre el metal.
El cambio en el perfil del inversor, un factor estructural
Detrás de la volatilidad reciente también opera un cambio estructural en la base de inversores del oro. La proliferación de fondos cotizados (ETF) vinculados al metal en la última década abrió el mercado tanto a inversores minoristas como a grandes instituciones financieras, que comenzaron a utilizarlo no solo como cobertura sino también como vehículo de rentabilidad. Ese flujo especulativo contribuyó a que la cotización se triplicara en tres años hasta alcanzar máximos históricos, pero ahora opera en sentido contrario, amplificando las caídas ante cualquier cambio de expectativas.
Contexto y perspectivas inmediatas
La semana previa al cierre del trimestre, la onza llegó a tocar los 3.900 dólares (3.421 euros), mínimos no vistos desde noviembre de 2025, antes de recuperar algo de terreno. Los mercados seguirán atentos a las próximas decisiones de la Reserva Federal y a la evolución del conflicto en Oriente Medio, dos variables que los analistas identifican como determinantes para definir el comportamiento del metal precioso en el tercer trimestre del año.