Colombia llega a agosto de 2026 en un momento decisivo para su sector energético. El país ha avanzado con rapidez en incorporación de energía solar y eólica, mientras enfrenta simultáneamente desafíos relacionados con transmisión eléctrica, disponibilidad de gas natural, confiabilidad del sistema y necesidad de nuevas inversiones.
Las cifras muestran la magnitud del cambio. En julio de 2026, Colombia alcanzó aproximadamente 4.654 MW de capacidad instalada solar y eólica, más de veinte veces la capacidad existente al inicio del anterior Gobierno. Además, el 74,19 % de la capacidad eléctrica instalada del país correspondía a fuentes hidráulicas, solares y eólicas.
Sin embargo, construir plantas de generación ya no es el único desafío. Colombia necesita garantizar que esa energía pueda transportarse, almacenarse y respaldarse cuando las condiciones climáticas reduzcan la disponibilidad hidráulica, solar o eólica.
Más de 5.000 MW avanzan bajo la estrategia 6GW+
Uno de los grandes ejes de expansión renovable ha sido el Plan 6GW+, creado para incorporar al menos 6 GW de capacidad de generación limpia mediante proyectos solares, eólicos y pequeñas centrales hidroeléctricas.
Según la información publicada por la UPME, la estrategia registra 5.081,26 MW de capacidad instalada, de los cuales aproximadamente 3.844 MW se encuentran en operación y otros 1.237 MW corresponden a capacidad adicional reportada dentro del avance del programa.
Esto representa una transformación importante de la matriz colombiana.
La energía solar, particularmente, ha permitido desarrollar proyectos en diferentes regiones con tiempos de construcción menores que los requeridos por grandes centrales hidroeléctricas.
El siguiente reto será convertir este crecimiento en energía firme y confiable para consumidores residenciales, comerciales e industriales.
15 nuevos proyectos movilizan cerca de $16 billones
Uno de los acontecimientos más importantes de 2026 para la expansión eléctrica ocurrió con la subasta energética realizada por la CREG.
El Ministerio de Minas y Energía informó en mayo que el mecanismo permitió asegurar 15 nuevos proyectos y cerca de $16 billones en inversiones destinadas a fortalecer el abastecimiento energético colombiano.
El volumen de recursos muestra que la transición energética colombiana está entrando en una etapa donde las decisiones regulatorias comienzan a traducirse en infraestructura de gran escala.
Pero estos proyectos también deberán superar uno de los obstáculos históricos del sector: lograr que generación, transmisión y demanda crezcan de manera coordinada.
La Guajira y el enorme potencial eólico colombiano
La Guajira continúa siendo uno de los territorios estratégicos para el futuro energético del país debido a sus excepcionales recursos eólicos.
Entre los proyectos relevantes aparece Windpeshi, adquirido por Ecopetrol.
El parque, localizado entre Uribia y Maicao, tendrá una capacidad aproximada de 205 MW y se proyecta que produzca alrededor de 1.006 GWh anuales. Esa generación equivaldría aproximadamente al 8 %–9 % de la demanda energética total del Grupo Ecopetrol.
El proyecto representa algo más que nueva capacidad eólica.
También refleja la transformación de las propias compañías tradicionales de hidrocarburos, que comienzan a integrar activos renovables dentro de sus estrategias de abastecimiento y descarbonización.
El cuello de botella: transportar toda esa electricidad
Colombia puede instalar miles de megavatios solares y eólicos, pero esos proyectos pierden parte de su utilidad si la red no tiene capacidad suficiente para llevar la electricidad hasta los grandes centros de consumo.
Por ello, la transmisión eléctrica se ha convertido en uno de los temas estratégicos para la siguiente etapa.
Los retrasos acumulados en infraestructura de transmisión son señalados por actores del sector como uno de los riesgos para la seguridad energética colombiana. La necesidad de nuevas líneas y subestaciones será especialmente importante para aprovechar el potencial renovable de regiones alejadas de Bogotá, Medellín, Cali y otros grandes centros de demanda.
El desafío energético colombiano está cambiando:
ya no basta con producir energía limpia; hay que lograr transportarla de manera confiable.
El gas natural vuelve al centro de la discusión
Mientras las renovables avanzan, Colombia enfrenta otra discusión estratégica: el suministro de gas natural.
La reducción de reservas disponibles y el incremento de las necesidades de importación han generado preocupación sobre la capacidad del país para garantizar suficiente gas para hogares, industrias y generación térmica.
El gas desempeña además un papel fundamental como respaldo del sistema eléctrico.
Cuando disminuye la generación hidroeléctrica durante periodos secos, las centrales térmicas adquieren mayor importancia.
Por eso, la expansión de las renovables no elimina automáticamente la necesidad de garantizar combustibles firmes.
El Niño vuelve más urgente la seguridad energética
Este punto adquiere especial relevancia ante las advertencias sobre un posible episodio fuerte de El Niño entre finales de 2026 y comienzos de 2027.
La elevada participación de la generación hidroeléctrica hace que Colombia continúe expuesta a periodos prolongados de sequía.
Las autoridades han comenzado a preparar medidas preventivas ante este escenario, mientras expertos advierten que las reservas de gas y los retrasos de determinados proyectos de infraestructura pueden aumentar la vulnerabilidad del sistema.
La situación evidencia por qué Colombia necesita una matriz diversificada.
Solar y eólica pueden complementar la hidroelectricidad, mientras generación térmica, almacenamiento y otras tecnologías pueden proporcionar respaldo cuando las condiciones climáticas sean desfavorables.
El petróleo también entra en una nueva etapa
La discusión energética colombiana no se limita a electricidad.
El petróleo y el gas continúan teniendo una importancia considerable para las exportaciones, los ingresos fiscales, las regalías y las economías de diferentes regiones productoras.
A agosto de 2026, el sector petrolero se encuentra además ante un cambio de orientación política, con expectativas de nuevas decisiones sobre exploración y desarrollo de hidrocarburos. La discusión se concentra especialmente en cómo recuperar reservas y producción sin abandonar el crecimiento de las nuevas fuentes energéticas.
Esto puede convertir los próximos años en un periodo particularmente importante para las inversiones de upstream, servicios petroleros, recuperación mejorada, infraestructura de gas y mantenimiento de campos existentes.
La inversión extranjera mira hacia las renovables
Colombia también está intentando posicionarse como destino regional de capital para proyectos energéticos.
Según ProColombia, durante 2025 las energías renovables representaron alrededor del 15 % de los proyectos de inversión acompañados por la entidad, mostrando un interés creciente del capital internacional por la transición energética colombiana.
El potencial solar de buena parte del territorio, los recursos eólicos del Caribe y las oportunidades en almacenamiento, hidrógeno y transmisión convierten al país en un mercado atractivo.
Sin embargo, para transformar ese potencial en inversiones efectivas serán necesarias reglas claras, licenciamiento eficiente, infraestructura de conexión y estabilidad regulatoria.
CAF prepara nuevos recursos para infraestructura y transición energética
Otro movimiento relevante ocurrió en julio.
CAF anunció un paquete de financiamiento de aproximadamente US$9.000 millones para Colombia durante los próximos cuatro años, destinado a diferentes áreas de desarrollo, entre ellas infraestructura y energía.
Entre las primeras operaciones anunciadas aparece un financiamiento de US$100 millones para Celsia, relacionado con transición energética.
La disponibilidad de financiamiento será fundamental porque la transformación energética colombiana requerirá inversiones que van mucho más allá de construir parques solares.
También serán necesarios recursos para redes, almacenamiento, electrificación industrial, eficiencia energética y modernización de infraestructura.
Comunidades energéticas y generación distribuida
Otro cambio importante está ocurriendo a menor escala.
Colombia ha impulsado esquemas donde comunidades, organizaciones y territorios pueden participar directamente en proyectos de generación.
Paralelamente, programas de investigación e innovación buscan desarrollar soluciones energéticas adaptadas a las necesidades territoriales y comunitarias, especialmente para mejorar el acceso a energía limpia.
Este modelo puede resultar especialmente relevante para regiones apartadas donde extender grandes redes eléctricas resulta costoso.
La transición energética colombiana, por tanto, está desarrollándose simultáneamente desde grandes parques de cientos de megavatios hasta pequeños sistemas distribuidos.
El nuevo desafío: almacenamiento de energía
El crecimiento acelerado de la generación solar y eólica abre inevitablemente otra oportunidad de inversión: los sistemas de almacenamiento mediante baterías.
A medida que aumenta la participación de fuentes variables, almacenar electricidad durante horas de alta generación y utilizarla posteriormente puede ayudar a estabilizar la red.
Durante los próximos años, las baterías a gran escala, sistemas híbridos solar-baterías y soluciones de almacenamiento industrial podrían convertirse en una nueva categoría estratégica de proyectos.
Para Colombia, el almacenamiento podría además reducir parte de la presión sobre las centrales térmicas durante determinados periodos de máxima demanda.
Una transición que necesita petróleo, gas, redes y renovables
La situación colombiana demuestra que la transición energética es mucho más compleja que sustituir combustibles fósiles por paneles solares.
El país necesita desarrollar simultáneamente:
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nueva generación solar y eólica;
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líneas y subestaciones de transmisión;
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almacenamiento energético;
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suficiente disponibilidad de gas;
-
respaldo térmico;
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modernización de hidroeléctricas;
-
generación distribuida;
-
infraestructura para nuevas tecnologías;
-
y una estrategia sostenible para petróleo y gas.
El verdadero desafío será coordinar todas estas inversiones.
Conclusión: Colombia entra en una nueva fase energética
A agosto de 2026, Colombia muestra avances importantes en diversificación de su matriz eléctrica. Superar los 4.600 MW solares y eólicos, movilizar cerca de $16 billones para nuevos proyectos y acercarse progresivamente al objetivo de 6 GW de energías limpias son señales relevantes de transformación.
Sin embargo, el país está entrando en una etapa posiblemente más difícil que la anterior.
Ahora deberá garantizar que la infraestructura de transmisión crezca al ritmo de las renovables, asegurar suficiente gas para respaldar el sistema, prepararse frente a fenómenos climáticos extremos y definir el papel que tendrán petróleo y gas dentro de su estrategia de seguridad energética.
Por eso, la pregunta para Colombia ya no es solamente cuánta energía renovable puede instalar.
La verdadera pregunta es si podrá construir un sistema capaz de integrar renovables, hidroeléctricas, gas, almacenamiento, transmisión y nuevas tecnologías sin comprometer la confiabilidad energética.
Los proyectos que se ejecuten entre 2026 y 2030 serán los que determinen la respuesta.