Ecuador atraviesa una de las etapas más importantes de transformación de su sector energético. Después de enfrentar una severa crisis eléctrica que puso en evidencia la vulnerabilidad del país frente a las sequías y su elevada dependencia de la generación hidroeléctrica, el Gobierno ha acelerado proyectos de generación, promovido inversión privada y ampliado su planificación hacia tecnologías solares, eólicas, térmicas y de gas natural.
A agosto de 2026, la estrategia energética ecuatoriana ya no consiste únicamente en construir nuevas centrales hidroeléctricas. El país busca una matriz más diversificada, capaz de responder a periodos de baja hidrología y reducir el riesgo de nuevos déficits eléctricos.
Al mismo tiempo, Ecuador mantiene una ambiciosa agenda de inversión en petróleo y gas, sectores que continúan teniendo un peso considerable en sus exportaciones y finanzas públicas.
Más de 2.100 MW en tres grandes proyectos eléctricos
Uno de los movimientos más ambiciosos de 2026 es la preparación de tres grandes proyectos que, conjuntamente, representan aproximadamente 2.100 MW de nueva capacidad.
El paquete contempla:
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una central de ciclo combinado a gas natural de 400 MW;
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una planta fotovoltaica en Santa Elena de 200 MW;
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y el megaproyecto fotovoltaico de Zapotillo, con aproximadamente 1.500 MW.
La magnitud es considerable: los tres proyectos sumarían una capacidad cercana al doble de los aproximadamente 1.100 MW instalados en la central hidroeléctrica Paute.
La estrategia demuestra un cambio importante en la planificación energética ecuatoriana. En lugar de depender exclusivamente de grandes centrales hidroeléctricas, el país pretende combinar gas natural y generación solar de gran escala.
Zapotillo: un megaproyecto solar de 1.500 MW
Dentro de esta nueva cartera, Zapotillo sobresale por su tamaño.
Con una capacidad prevista de aproximadamente 1.500 MW, el proyecto podría transformar significativamente la participación de la energía solar dentro del sistema eléctrico ecuatoriano.
Su dimensión también refleja el potencial que Ecuador busca explotar mediante inversión privada.
Un proyecto fotovoltaico de esta escala no solamente implica instalar paneles solares. Requiere infraestructura de transmisión, subestaciones, sistemas de control, obras civiles, conexiones y una extensa cadena de proveedores y contratistas.
Por ello, Zapotillo podría convertirse en uno de los proyectos renovables más importantes de la próxima etapa energética ecuatoriana.
Santa Elena suma otros 200 MW solares
El segundo gran componente renovable es el proyecto fotovoltaico de Santa Elena, con aproximadamente 200 MW.
Aunque considerablemente menor que Zapotillo, su incorporación es estratégica porque contribuye a diversificar geográficamente la generación y aumentar la participación solar.
La complementariedad entre tecnologías será cada vez más importante para Ecuador.
Cuando disminuyen las lluvias y cae la generación hidroeléctrica, disponer de fuentes solares, térmicas y eventualmente sistemas de almacenamiento puede ayudar a reducir la exposición del sistema a una sola variable climática.
400 MW de ciclo combinado: el gas gana importancia
El tercer gran proyecto introduce un elemento diferente: gas natural.
Ecuador proyecta una central de ciclo combinado de aproximadamente 400 MW.
Este tipo de instalación utiliza turbinas de gas y posteriormente aprovecha el calor residual para generar vapor y producir electricidad adicional, logrando una eficiencia superior a la de muchas centrales térmicas convencionales.
Para Ecuador, incorporar generación a gas puede cumplir una función estratégica como respaldo de las fuentes renovables.
La energía solar depende de la radiación y la hidroelectricidad de las condiciones hidrológicas. Una central térmica flexible puede proporcionar electricidad cuando estas fuentes disminuyen.
Por ello, el gas comienza a adquirir relevancia no necesariamente como sustituto de las renovables, sino como fuente complementaria para aumentar la confiabilidad del sistema.
Nuevos proyectos para 2026 y 2027
La estrategia ecuatoriana incluye además una cartera de proyectos con diferentes tecnologías y plazos.
El Ministerio de Ambiente y Energía informó a comienzos de 2026 sobre varias iniciativas previstas para fortalecer la capacidad del sistema.
Entre ellas se encuentran Hidroquest, con 45 MW, cuya incorporación estaba prevista para agosto de 2026; HidroOriente, de 100 MW, proyectado hacia finales de 2027; y Villonaco III, de 110 MW, cuya operación se estima para el tercer trimestre de 2027.
También se contemplaron alrededor de 100 MW fotovoltaicos con incorporación progresiva durante 2026.
Estas iniciativas son menores que Zapotillo, pero conjuntamente permiten incorporar capacidad en diferentes regiones y mediante distintas tecnologías.
Villonaco III impulsa nuevamente la energía eólica
La energía eólica también forma parte de la expansión.
El proyecto Villonaco III, localizado en Loja, tendrá aproximadamente 110 MW de capacidad y está previsto para entrar en operación durante el tercer trimestre de 2027, según la planificación oficial reportada en enero.
El proyecto resulta relevante porque Ecuador posee una participación eólica todavía reducida frente a su enorme capacidad hidroeléctrica.
Incorporar nuevos parques permitirá aumentar la diversidad tecnológica de la matriz.
Además, los proyectos eólicos generan oportunidades para ingeniería, montaje electromecánico, infraestructura vial, subestaciones, sistemas de transmisión y mantenimiento especializado.
Termogas Machala: recuperar capacidad existente
No toda la estrategia consiste en construir nuevas centrales.
Ecuador también está intentando recuperar y modernizar infraestructura existente.
Entre los proyectos anunciados se encuentra la repotenciación de Termogas Machala, con aproximadamente 170 MW adicionales previstos entre 2026 y 2027.
Esta estrategia puede ofrecer ventajas importantes.
Repotenciar instalaciones existentes puede requerir menos tiempo que desarrollar desde cero grandes proyectos de generación, especialmente cuando ya existen terrenos, conexiones e infraestructura asociada.
En un sistema que necesita aumentar rápidamente su margen de seguridad, recuperar megavatios existentes puede ser tan importante como construir nueva capacidad.
La respuesta inmediata: generación adicional y alquiler de capacidad
La crisis eléctrica también obligó a Ecuador a adoptar soluciones de corto plazo.
Dentro de las medidas anunciadas se encontraba el alquiler de aproximadamente 230 MW de ELECAUSTRO, con ingreso estimado para julio de 2026, además de contratación de barcazas de generación por alrededor de 300 MW, prevista hasta 2028.
Estas soluciones no representan necesariamente el modelo energético de largo plazo del país.
Su objetivo es diferente: proporcionar capacidad adicional mientras avanzan proyectos permanentes.
La estrategia ecuatoriana puede entenderse así en dos niveles:
corto plazo: recuperar y contratar capacidad para evitar déficits.
mediano y largo plazo: construir nueva generación solar, eólica, hidroeléctrica y a gas.
Otros 1.100 MW entran en la planificación
La cartera continúa ampliándose.
En julio de 2026 se reportó que el Ministerio incorporó aproximadamente 1.100 MW adicionales al Plan Maestro de Electricidad 2023-2032.
Esto demuestra que la planificación energética permanece en evolución y que Ecuador continúa identificando nueva capacidad necesaria para responder al crecimiento de la demanda y mejorar la confiabilidad del sistema.
El desafío será que los proyectos incluidos en los planes consigan avanzar desde el papel hasta el cierre financiero, construcción y operación comercial.
El petróleo continúa siendo parte fundamental de la estrategia
La transición eléctrica ecuatoriana convive con otra realidad: Ecuador continúa siendo un país petrolero.
El Gobierno presentó anteriormente una extensa hoja de ruta de hidrocarburos con proyectos de petróleo y gas destinados a atraer inversión privada y recuperar producción.
Entre las iniciativas contempladas aparecen nuevas rondas petroleras y proyectos en diferentes áreas del territorio.
En abril de 2026, representantes de siete nacionalidades indígenas amazónicas denunciaron que la estrategia contempla 11 bloques petroleros que se superponen con aproximadamente tres millones de hectáreas de territorios ancestrales. Los bloques forman parte de las rondas Sur Oriente y Subandina incluidas en la hoja de ruta hidrocarburífera presentada por el Gobierno en 2025.
Esto muestra también una de las mayores tensiones de la política energética ecuatoriana: atraer inversión petrolera mientras se gestionan los impactos ambientales, territoriales y sociales asociados a nuevos proyectos.
Una cartera de hidrocarburos de decenas de miles de millones de dólares
La magnitud potencial del sector petrolero es considerable.
La planificación presentada para el periodo 2025-2029 contemplaba originalmente una cartera de inversiones en hidrocarburos de alrededor de US$42.000 millones, incluyendo petróleo, gas natural e infraestructura energética.
Posteriormente, la hoja de ruta hidrocarburífera mencionada en 2026 por representantes indígenas fue asociada con inversiones potenciales de aproximadamente US$47.000 millones.
Es importante distinguir estas cifras de inversiones ya ejecutadas: se trata de carteras y oportunidades proyectadas, cuyo desarrollo efectivo dependerá de licitaciones, contratos, permisos, condiciones económicas y decisiones de los inversionistas.
El gran objetivo: evitar otra crisis eléctrica
Detrás de buena parte de estas inversiones existe una prioridad fundamental: aumentar la seguridad energética.
Las dificultades eléctricas de los últimos años demostraron que una matriz con una elevada dependencia hidroeléctrica puede quedar expuesta cuando las condiciones hidrológicas se deterioran.
Por eso, la diversificación tecnológica se ha convertido en una cuestión estratégica.
Solar durante las horas de alta radiación.
Eólica cuando existen condiciones favorables.
Hidroeléctrica aprovechando los recursos hídricos.
Gas y generación térmica como respaldo.
Y, progresivamente, almacenamiento para aumentar la flexibilidad.
Ecuador necesita que estas tecnologías funcionen como un sistema integrado.
La inversión privada será determinante
Construir toda esta infraestructura requiere cantidades importantes de capital.
El Estado difícilmente puede asumir por sí solo simultáneamente grandes proyectos solares, hidroeléctricos, térmicos, eólicos, redes eléctricas y nuevas inversiones petroleras.
Por ello, Ecuador está intentando ampliar la participación del sector privado.
Después de la crisis eléctrica, uno de los principales debates empresariales de 2026 ha sido precisamente cómo mejorar las condiciones regulatorias, financieras y contractuales para atraer inversión hacia nueva generación.
La capacidad para proporcionar reglas estables será determinante.
Los proyectos energéticos tienen horizontes de recuperación de inversión de muchos años y los inversionistas necesitan previsibilidad sobre tarifas, contratos, permisos y condiciones regulatorias.
Una enorme oportunidad para empresas y profesionales
Si esta cartera avanza, el impacto irá mucho más allá de las compañías generadoras.
Ecuador necesitará profesionales y proveedores especializados en:
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generación eléctrica;
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ingeniería EPC;
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energía solar y eólica;
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operación de centrales;
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líneas de transmisión;
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subestaciones;
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protecciones eléctricas;
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instrumentación y automatización;
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mantenimiento;
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petróleo y gas;
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eficiencia energética;
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almacenamiento;
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gestión ambiental y social.
Esto puede abrir un mercado considerable para empresas nacionales e internacionales de ingeniería y servicios energéticos.
Conclusión: Ecuador entra en una carrera por asegurar su futuro energético
A agosto de 2026, Ecuador está intentando convertir las lecciones de su crisis eléctrica en una nueva estrategia de inversión.
Los 2.100 MW previstos mediante los grandes proyectos de ciclo combinado, Santa Elena y Zapotillo, junto con Hidroquest, HidroOriente, Villonaco III, nueva generación fotovoltaica y la repotenciación de Termogas Machala, muestran una cartera considerable de expansión.
Paralelamente, el país continúa promoviendo inversiones en petróleo y gas, confirmando que su estrategia energética no está basada en una sola tecnología.
Pero anunciar megavatios no equivale a tenerlos disponibles.
El verdadero desafío entre 2026 y 2030 será conseguir financiamiento, adjudicar proyectos, construir infraestructura, ampliar las redes y poner las centrales efectivamente en operación.
Si Ecuador logra transformar esta cartera en proyectos ejecutados, podría salir de la actual etapa de vulnerabilidad con una matriz mucho más diversificada.
La gran carrera energética ecuatoriana ya no consiste solamente en producir más electricidad: consiste en construir un sistema capaz de garantizar energía incluso cuando el agua falte.