La geopolítica energética vuelve a poner al estrecho de Ormuz en el centro del tablero mundial. Con hostilidades renovadas entre Estados Unidos e Irán, ataques aéreos no reivindicados sobre territorio persa y una tregua que se desmorona semanas después de firmarse, todos los modelos clásicos anticiparían un shock de precios del crudo comparable al de los años setenta. Sin embargo, el barril de Brent cotiza en torno a los 76 dólares: una cifra que desafía la intuición y obliga a los profesionales del sector energético a reexaminar los fundamentos del mercado.
El estrecho de Ormuz: la arteria que el mundo no puede perder
Aproximadamente el 20% del petróleo comercializado globalmente transita por el estrecho de Ormuz cada día. Cualquier interrupción sostenida de ese flujo debería, en teoría, provocar una escalada inmediata de precios. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) confirmó que el tránsito de crudo y derivados por el estrecho se disparó en junio gracias al alto el fuego temporal, lo que permitió cierta normalización del suministro. Pero la nueva escalada de hostilidades ha vuelto a comprimir ese corredor logístico.
El dato clave que la AIE publicó en su informe mensual de julio es revelador: si se alcanzara un acuerdo de paz duradero, la oferta global de petróleo superaría a la demanda antes de que concluya 2026. Ese excedente latente actúa como amortiguador psicológico para los mercados. Los operadores saben que la capacidad productiva no iraní —Arabia Saudí, Emiratos, Iraq, y la producción récord de Estados Unidos— puede compensar cortes parciales.
Por qué la crisis de precios no termina de materializarse
El sector energético lleva más de cuatro años esperando el regreso de la estanflación de los años setenta. Ni la pandemia, ni la guerra en Ucrania, ni el actual conflicto en el Golfo Pérsico han conseguido anclar la inflación energética en niveles estructuralmente altos. Hay razones de fondo que los analistas deben interiorizar:
- Exceso de capacidad ociosa en la OPEP+: Arabia Saudí y los Emiratos mantienen colchones de producción que pueden activarse en semanas.
- Revolución del shale estadounidense: Estados Unidos produce más de 13 millones de barriles diarios, convirtiendo al mayor consumidor mundial en exportador neto relevante.
- Demanda estructuralmente más débil: La electrificación del transporte y la eficiencia energética reducen el crecimiento del consumo de crudo en economías avanzadas.
- Inventarios estratégicos: Las reservas petroleras estratégicas de la AIE y sus países miembros ofrecen meses de cobertura ante interrupciones súbitas.
- Diversificación de rutas: Gasoductos alternativos y terminales de GNL reducen la dependencia absoluta de Ormuz para ciertos flujos.
El caso de España ilustra perfectamente esta diversificación. Argelia consolidó su posición como principal suministrador de gas natural al país ibérico en el primer semestre de 2026, aportando casi el 34% del total, seguida de Estados Unidos. Ningún país de Oriente Próximo figura entre los principales orígenes del gas que llega a España, lo que demuestra que la diversificación de suministro no es solo un objetivo estratégico sino una realidad operativa alcanzable.
La advertencia de la AIE sobre gasolina y diésel refinados
Más allá del crudo, la AIE lanzó una alerta específica sobre una posible crisis de suministro de gasolina y diésel. Las refinerías ubicadas en el Golfo Pérsico y en Rusia han sufrido interrupciones operativas derivadas del conflicto, mientras el consumo mundial de derivados se mantiene elevado. Este es un riesgo que los mercados de futuros todavía no han descontado plenamente.
Para los profesionales de la industria refinera y de logística de hidrocarburos, este escenario exige revisar los planes de contingencia de suministro, diversificar proveedores de capacidad de refino y evaluar la exposición a precios spot de productos refinados. La volatilidad en márgenes de refino puede ser significativamente mayor que la volatilidad en el precio del crudo.
Implicancias para la transición energética y las inversiones renovables
Paradójicamente, la inestabilidad geopolítica en la región del Golfo refuerza los argumentos a favor de acelerar la transición energética. Cada episodio de tensión en Ormuz recuerda a gobiernos e inversores institucionales la fragilidad estructural de una economía dependiente de hidrocarburos transportados por puntos de estrangulamiento geográficos.
Sin embargo, el bajo precio del petróleo tiene una cara menos favorable para las renovables: reduce la urgencia económica a corto plazo de sustituir combustibles fósiles. Los proyectos de energía solar, eólica y almacenamiento compiten con el coste de oportunidad de un barril a 76 dólares. Por eso, los modelos de negocio renovables que dependen únicamente de la paridad de red deben construirse sobre supuestos conservadores de precio del crudo.
Opinión editorial: mercados resilientes, pero no invulnerables
El comportamiento del mercado petrolero en 2026 demuestra una madurez que no existía hace cincuenta años. La diversificación geográfica de la producción, la profundidad de los mercados de futuros y la capacidad de respuesta de la OPEP+ han creado un sistema con amortiguadores reales. Eso es bueno para la estabilidad macroeconómica global.
Pero sería un error interpretar esta resiliencia como invulnerabilidad. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz —no de días sino de semanas— o una escalada que involucre infraestructuras críticas de producción saudí o emiratí cambiaría el escenario radicalmente. Los precios a 76 dólares reflejan la probabilidad que asigna el mercado a ese escenario extremo: baja, pero no nula. Los gestores de riesgo energético deben seguir calibrando esa probabilidad con rigor técnico, no con complacencia.
La historia de los mercados energéticos enseña que los choques más dañinos son precisamente los que el consenso consideraba improbables hasta el día antes de que ocurrieran.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el precio del petróleo no sube más con la guerra en Irán y el estrecho de Ormuz en tensión?
El mercado descuenta varios factores amortiguadores: capacidad ociosa de producción en Arabia Saudí y Emiratos, niveles récord de producción estadounidense de shale oil, reservas estratégicas disponibles y perspectivas de que la oferta global supere a la demanda si el conflicto se estabiliza. El Brent en torno a 76 dólares refleja un escenario de tensión gestionable, no de colapso del suministro.
¿Qué impacto tiene el conflicto en Irán sobre la seguridad energética de España y Europa?
El impacto directo es limitado gracias a la diversificación de suministro ya consolidada. España recibe gas principalmente de Argelia y Estados Unidos, sin dependencia significativa de Oriente Próximo. El riesgo indirecto proviene de precios spot de derivados refinados y de posibles disrupciones en rutas marítimas de GNL que sí transitan por zonas de conflicto potencial.
¿Cómo afecta el riesgo geopolítico en el Golfo Pérsico a las inversiones en energía renovable?
A corto plazo, el bajo precio del crudo reduce la urgencia económica de sustituir combustibles fósiles, presionando la rentabilidad relativa de proyectos renovables. A medio y largo plazo, la inestabilidad refuerza los argumentos estratégicos para la independencia energética mediante renovables, almacenamiento y redes inteligentes, especialmente para países importadores netos de hidrocarburos.
La geopolítica energética asociada al conflicto iraní seguirá siendo una variable crítica para analistas, gestores de activos y responsables de política energética durante los próximos meses. Comprender los mecanismos que amortiguan o amplifican los shocks de precio es una competencia técnica esencial para cualquier profesional del sector energético en un mundo donde la volatilidad geopolítica es la nueva normalidad.