La quema de gas asociada a la producción petrolera continúa siendo uno de los problemas ambientales más críticos en la Amazonía ecuatoriana. A pesar de compromisos oficiales y fallos judiciales que ordenan su eliminación progresiva, la quema de gas en mecheros ha aumentado en los últimos años y muchas de estas estructuras siguen ubicadas cerca de comunidades, generando preocupación por sus impactos en la salud, el ambiente y los derechos humanos.
De acuerdo con análisis recientes basados en datos del Banco Mundial, Ecuador ha incrementado progresivamente la quema de gas asociado a la extracción de petróleo, una práctica conocida como “gas flaring”, utilizada cuando el gas natural que emerge junto con el petróleo no se aprovecha comercialmente.
Esta actividad consiste en quemar el gas mediante grandes antorchas o mecheros, que permanecen encendidos de forma continua en campos petroleros. Aunque esta técnica reduce la presión en los pozos y facilita la producción de crudo, también genera emisiones de gases contaminantes y contribuye al cambio climático.
Ecuador se encuentra entre los 30 países del mundo que más recurren a esta práctica, lo que lo coloca en el centro del debate ambiental y energético en la región.
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por organizaciones ambientales y comunitarias es la proximidad de los mecheros a zonas habitadas.
Investigaciones independientes han identificado decenas de mecheros ubicados a menos de cinco kilómetros de centros poblados, una distancia que puede representar riesgos para la salud de las comunidades locales debido a la exposición constante a gases y partículas contaminantes.
Las comunidades de provincias amazónicas como Sucumbíos y Orellana, donde se concentra gran parte de la producción petrolera del país, han denunciado durante años problemas de salud, olores persistentes, ruido constante y contaminación ambiental generados por estas instalaciones.
En 2021, un hecho sin precedentes marcó la lucha ambiental en Ecuador. Nueve niñas de la Amazonía ecuatoriana presentaron una demanda contra el Estado para exigir la eliminación de los mecheros cercanos a sus comunidades.
La Corte Provincial de Sucumbíos falló a su favor y ordenó la eliminación gradual de estas estructuras, priorizando aquellas ubicadas cerca de zonas pobladas, además de implementar medidas para reparar los daños causados a las comunidades afectadas.
Sin embargo, varios informes y testimonios recogidos en terreno indican que el proceso de eliminación avanza lentamente y que muchos mecheros continúan operando, lo que ha generado críticas de organizaciones ambientales y de derechos humanos.
La quema de gas en mecheros no solo afecta a las comunidades cercanas, sino que también tiene consecuencias a escala global.
Esta práctica libera dióxido de carbono, metano y otros gases contaminantes, contribuyendo al calentamiento global y agravando la crisis climática. Además, el gas quemado representa una pérdida de un recurso energético que podría aprovecharse para generación eléctrica o uso industrial.
Expertos en energía y medio ambiente señalan que reducir el “flaring” es una de las medidas más efectivas para disminuir emisiones en el sector petrolero y mejorar la eficiencia energética.
Desde la década de 1960, la Amazonía ecuatoriana ha sido uno de los principales centros de producción petrolera del país. Esta actividad ha generado importantes ingresos para la economía nacional, pero también ha provocado conflictos sociales, contaminación ambiental y debates sobre el modelo de desarrollo basado en hidrocarburos.
En muchas zonas amazónicas, comunidades indígenas y rurales denuncian que la explotación petrolera ha convertido sus territorios en “zonas de sacrificio”, donde los beneficios económicos del petróleo no se reflejan en mejoras significativas en la calidad de vida.
El gobierno ecuatoriano ha anunciado en diversas ocasiones programas para reducir la quema de gas y aprovechar este recurso en proyectos energéticos. Sin embargo, la implementación de estas iniciativas requiere inversiones en infraestructura, tecnología y sistemas de captación de gas.
Especialistas señalan que el país podría transformar este problema en una oportunidad si logra aprovechar el gas asociado para generación eléctrica, petroquímica o exportación, reduciendo al mismo tiempo su impacto ambiental.
El aumento de la quema de gas y la persistencia de mecheros cerca de comunidades ha reactivado el debate sobre el futuro del sector petrolero en Ecuador.
Mientras el país continúa dependiendo de los ingresos del petróleo para su economía, crece la presión social y ambiental para reducir prácticas contaminantes y avanzar hacia un modelo energético más sostenible.
En este contexto, el cumplimiento de las decisiones judiciales, la protección de las comunidades amazónicas y la implementación de tecnologías que reduzcan las emisiones serán factores determinantes para definir el rumbo de la política energética ecuatoriana en los próximos años.