La transición energética de la minería chilena enfrenta un obstáculo estructural: la infraestructura de transmisión y los procesos de permisos no logran acompañar el ritmo de adopción de energías limpias del sector, según advierte un nuevo informe publicado por Aggreko en julio de 2026.
Renovables avanzadas, pero la red rezagada
El documento, titulado La nueva ecuación para la minería en América Latina: Los límites invisibles entre la energía y la operación, señala que, si bien el 70% de la electricidad generada en Chile durante 2024 provino de fuentes renovables —según datos del Coordinador Eléctrico Nacional—, las restricciones en la capacidad de transmisión, los cuellos de botella en la red y la lenta tramitación de permisos se han convertido en los principales frenos para el crecimiento del sector minero. Las empresas del rubro han multiplicado la firma de contratos de compra de energía (PPA) basados exclusivamente en fuentes limpias, pero el suministro confiable hacia operaciones remotas sigue siendo una asignatura pendiente.
Peso estratégico del sector en la economía nacional
Chile es el mayor productor mundial de cobre y el segundo de litio, y su industria minera registró en 2025 un récord de US$63.250 millones en exportaciones de minerales, equivalentes al 59,1% del total exportado por el país y aproximadamente el 12% del PIB. El informe de Aggreko identifica a Chile como un proveedor estratégico de minerales críticos para la transición energética global, incluyendo cobre, litio, molibdeno, yodo y renio, insumos esenciales para vehículos eléctricos, energías renovables, semiconductores e infraestructura digital.
Proyectos clave para superar los cuellos de botella
Frente a estas limitaciones, el Estado chileno impulsa iniciativas de gran escala para fortalecer la red. El proyecto de transmisión en corriente continua de alta tensión HVDC Kimal-Lo Aguirre contempla el transporte de hasta 3.000 MW de energía renovable a lo largo de 1.346 kilómetros, y se suma a los planes de expansión de la red de transmisión nacional. Estas inversiones apuntan a mejorar la integración de la generación renovable y garantizar la seguridad energética de las operaciones mineras, en particular durante fases de construcción y aumento de producción en zonas alejadas.
«Chile se ha convertido en un referente regional en la adopción de energías renovables y el sector minero ha desempeñado un papel fundamental en este progreso. El reto ahora es asegurar que la infraestructura de transmisión y el desarrollo de proyectos se mantengan al ritmo de la creciente demanda energética», señaló José Albornoz Farías, gerente regional del Segmento Minería de Aggreko.
Coordinación público-privada como condición para el crecimiento
El informe concluye que superar las limitaciones de infraestructura eléctrica requerirá coordinación sostenida entre políticas públicas, inversión en transmisión y ejecución del sector privado. Según Aggreko, la próxima fase de competitividad minera en Chile dependerá de la capacidad de las empresas para combinar el acceso a energía renovable con modelos operativos flexibles y una infraestructura resiliente, especialmente en emplazamientos remotos donde la disponibilidad energética incide directamente en la productividad y los plazos de los proyectos.