El abastecimiento de combustibles vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica y energética de Bolivia. El presidente Rodrigo Paz afirmó este 18 de septiembre que el comportamiento de los precios internacionales obliga al país a enfrentar “decisiones difíciles”, en un contexto marcado por la necesidad de garantizar gasolina y diésel para el mercado interno.
Durante un acto realizado en la refinería Guillermo Elder Bell, en Santa Cruz, el mandatario defendió una estrategia orientada a destinar mayores recursos a la producción y refinación nacional, frente al peso que representa la subvención de los carburantes para las finanzas públicas.
El planteamiento forma parte de una estrategia más amplia con la que el Ejecutivo busca recuperar la capacidad productiva de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y utilizar con mayor intensidad las instalaciones de refinación existentes en el país.
Bolivia busca producir más combustibles dentro del país
Uno de los principales objetivos es incrementar el procesamiento de petróleo en territorio boliviano.
Las refinerías Guillermo Elder Bell, en Santa Cruz, y Gualberto Villarroel, en Cochabamba, cuentan conjuntamente con una capacidad de diseño de aproximadamente 63.750 barriles diarios.
Sin embargo, entre enero y julio de 2026 procesaron en promedio alrededor de 24.067 barriles por día, muy por debajo de su capacidad instalada. El Gobierno atribuye esta diferencia principalmente a la menor disponibilidad de petróleo crudo nacional.
Ante esta situación, Bolivia comenzó a procesar petróleo importado en sus propias refinerías para incrementar la producción local de gasolina, diésel y otros derivados destinados al mercado interno.
La estrategia busca aprovechar infraestructura que actualmente opera por debajo de su capacidad y sustituir parcialmente la importación de combustibles terminados por la compra de petróleo crudo para ser procesado dentro del país.
Los precios internacionales presionan las cuentas bolivianas
El escenario internacional representa otro desafío.
Bolivia mantiene un esquema de subvención que permite comercializar combustibles internamente a precios inferiores a los valores internacionales. Cuando aumentan los precios externos, también crece la presión fiscal necesaria para mantener esa diferencia.
Paz sostuvo que este escenario reduce el margen financiero del Estado y obliga a evaluar cómo distribuir los recursos disponibles.
El mandatario defendió que una mayor proporción de los recursos públicos pueda destinarse a refinación, exploración e infraestructura, argumentando que el dinero utilizado para sostener la subvención también podría financiar carreteras, hospitales, educación y proyectos productivos.
Como ejemplo, comparó una inversión cercana a US$ 90 millones para una carretera con el costo aproximado que, según indicó, puede representar la subvención de combustibles durante unas dos semanas.
Gobierno abre la puerta a combustibles sin subvención
La nueva estrategia energética también contempla cambios en la forma en que las refinerías pueden adquirir y comercializar hidrocarburos.
Mediante el Decreto Supremo 5701, el Gobierno autorizó excepcionalmente a las refinerías Gualberto Villarroel y Guillermo Elder Bell a importar petróleo crudo, procesarlo y comercializar directamente sus derivados en el mercado interno.
Los combustibles producidos bajo este mecanismo serán comercializados a precios de mercado y sin subvención estatal, según la normativa difundida por el Gobierno.
La medida busca aumentar la disponibilidad de combustibles y aprovechar la capacidad instalada de las refinerías, aunque también introduce un nuevo escenario para el mercado boliviano al coexistir productos bajo diferentes condiciones de precios.
Bolivia enfrenta el desafío del abastecimiento
La disponibilidad de gasolina y diésel continúa siendo un asunto sensible para la economía boliviana.
Durante los últimos meses se han registrado episodios de largas filas en algunas estaciones de servicio, afectando a transportistas, productores, viajeros y otros sectores que dependen directamente de los carburantes.
El problema adquiere especial importancia debido a que el diésel constituye un insumo fundamental para el transporte de mercancías, la agricultura, la minería y numerosas actividades industriales.
Una interrupción prolongada en el suministro puede trasladarse rápidamente hacia los costos logísticos y productivos, afectando posteriormente los precios de distintos bienes y servicios.
Por ello, garantizar una oferta estable de combustibles se ha convertido en una prioridad económica además de energética.
YPFB comienza a procesar petróleo importado
Como parte de esta estrategia, YPFB inició el procesamiento de crudo importado en las refinerías nacionales.
El objetivo gubernamental es que Bolivia importe una mayor proporción de materia prima y utilice sus propias instalaciones para transformarla en combustibles, en lugar de depender principalmente de la adquisición externa de gasolina y diésel ya refinados.
La medida permitiría incrementar la utilización de la infraestructura existente y generar mayor actividad dentro de la cadena nacional de hidrocarburos.
El Gobierno sostiene que este modelo también puede contribuir a recuperar capacidades técnicas y productivas de YPFB.
Refinación y exploración vuelven al centro de la estrategia energética
El Ejecutivo también plantea que la recuperación del sector no puede depender únicamente de importar petróleo.
A mediano y largo plazo, Bolivia necesitará fortalecer la exploración y desarrollar nuevos recursos hidrocarburíferos si busca disminuir estructuralmente su dependencia externa.
Durante años, el país desempeñó un papel relevante como productor y exportador de gas natural en Sudamérica. Sin embargo, la disminución de la producción y la menor disponibilidad de hidrocarburos han generado nuevos desafíos para su modelo energético.
La administración de Paz sostiene que recuperar la exploración, aumentar la producción y utilizar mejor las refinerías serán elementos centrales de su política para el sector.
El debate sobre las subvenciones continúa
La subvención de los combustibles seguirá siendo uno de los puntos más sensibles de la discusión económica boliviana.
El Gobierno ha cuestionado el costo fiscal del esquema y ha señalado que parte de los combustibles subsidiados también termina desviándose hacia actividades ilegales, incluido el contrabando.
Al mismo tiempo, cualquier modificación de este sistema tiene implicaciones económicas y sociales, debido a la importancia que tienen los precios de los combustibles sobre el transporte, la producción y el costo de vida.
Por esta razón, las declaraciones del Ejecutivo abren un debate sobre cómo equilibrar tres objetivos: garantizar el abastecimiento, proteger las finanzas públicas y limitar el impacto de los precios internacionales sobre los consumidores.
Bolivia busca recuperar su capacidad energética
El escenario actual representa un punto de inflexión para el sector hidrocarburífero boliviano.
El país dispone de infraestructura de refinación que actualmente opera por debajo de su capacidad, mientras necesita importar combustibles para cubrir una parte de su demanda interna. La estrategia gubernamental pretende utilizar esa capacidad disponible y fortalecer progresivamente la producción.
El desafío será determinar si el procesamiento de crudo importado, la recuperación de las refinerías y las nuevas inversiones en exploración permiten reducir de manera sostenible la dependencia de productos terminados provenientes del exterior.
Bolivia entra así en una etapa clave para redefinir su modelo de abastecimiento de combustibles, en medio de la presión de los precios internacionales y del debate sobre el futuro de las subvenciones. La capacidad del país para producir más gasolina y diésel internamente será determinante para fortalecer su seguridad energética durante los próximos años.