Brasil se ha consolidado como el principal productor de petróleo en América Latina, una posición que ahora influye directamente en la competitividad regional y frena el avance de Venezuela para recuperar espacios históricos de exportación y participación en los mercados internacionales del crudo. Esta realidad está marcada por un crecimiento sostenido de la producción brasileña durante la última década, mientras que Venezuela enfrenta una prolongada crisis en su industria energética que limita sus posibilidades de expansión y reinserción global.
En los últimos 10 años, la producción de petróleo en Brasil ha mostrado un crecimiento robusto, aumentando cerca de un 64 % para alcanzar más de 3,6 millones de barriles por día, aunque con algunas variaciones recientes. Esta cifra posiciona a Brasil como el principal productor de crudo de América Latina, superando a exportadores tradicionales como Venezuela y México.
Este aumento productivo se ha traducido en mayores exportaciones de crudo y derivados, especialmente hacia mercados de alto consumo como Estados Unidos, donde Brasil está entre los principales proveedores. Esta posición dominante no solo le da a Brasil poder de mercado, sino también un rol estratégico en las decisiones energéticas regionales y globales, reforzando su capacidad de atraer inversiones y consolidar alianzas comerciales.
Mientras tanto, Venezuela ha visto una marcada disminución en su producción de petróleo, pasando de niveles históricos de más de 2,7 millones de barriles por día a cifras cercanas al millón de barriles en años recientes, debido a una combinación de gestión estatal centralizada, falta de inversiones y sanciones internacionales que han afectado severamente a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA).
Esta reducción en la producción y la pérdida de capacidad operativa han debilitado la presencia venezolana en los mercados energéticos globales, abriendo espacio para que países como Brasil —con su producción diversificada en aguas profundas y presal— capitalicen la demanda internacional.
La posición petrolera dominante de Brasil no solo se basa en la producción, sino en la infraestructura logística y comercial que ha desarrollado en la última década. Las compañías energéticas brasileñas han logrado expandir redes de exportación eficientes y acuerdos comerciales que colocan al país en una posición ventajosa para penetrar mercados tradicionales de Venezuela y otros países de la región.
Esta dinámica ha tenido implicaciones políticas y estratégicas, incluso en organismos multilaterales como los BRICS, donde la postura brasileña ha sido clave en debates sobre la admisión de Venezuela como miembro pleno, influenciado por consideraciones energéticas y económicas.
A pesar de los desafíos, analistas del sector energético sostienen que Venezuela sigue teniendo un rol potencial relevante en la industria petrolera mundial debido a sus vastas reservas probadas —una de las más grandes del planeta— y la posibilidad de recuperar producción si se implementan reformas profundas que atraigan inversiones y modernicen el sector.
Expertos señalan que la vuelta progresiva de Venezuela como actor competitivo dependerá de políticas que fortalezcan la participación privada, mejoren la gobernanza y promuevan cooperación internacional efectiva, especialmente ante tendencias de mercados donde Brasil se ha posicionado como líder regional.
El dominio petrolero de Brasil en América Latina no solo afecta a Venezuela, sino también a otros países productores que deben competir por inversiones y mercados. Esta situación genera un reordenamiento geopolítico energético regional, donde Brasil tiene un rol central de influencia, mientras que Venezuela enfrenta el reto de recuperar su liderazgo histórico mediante reformas estructurales y estrategias de integración energética más amplias.
En conjunto, la disparidad entre Brasil y Venezuela en producción y acceso a mercados pone de relieve la necesidad de políticas energéticas innovadoras en la región, así como mecanismos de cooperación que puedan equilibrar la balanza comercial y fomentar un desarrollo petrolero más inclusivo y sostenible.