El sector energético peruano atraviesa un momento crítico tras la publicación del Libro Anual de Recursos de Hidrocarburos 2024 por parte del Ministerio de Energía y Minas (MINEM). El informe revela que las reservas probadas de gas natural disminuyeron un 9,5% en 2024, lo que reduce la autonomía energética del país a apenas 13 años.
Las reservas probadas cerraron en 7.133 BCF, una caída de 743 millones de pies cúbicos respecto al año anterior.
Los líquidos de gas natural (LGN) también retrocedieron un 10,3%, reflejando una tendencia negativa que se arrastra desde 2013.
La alta concentración del recurso en el yacimiento de Camisea incrementa la vulnerabilidad del sistema energético nacional.
Reposición negativa de reservas: La falta de nuevos descubrimientos limita la capacidad de reemplazar lo que se consume.
Caída en la exploración: La inversión en exploración ha disminuido, afectando la sostenibilidad del sector.
Dependencia de Camisea: El 100% de las reservas probadas provienen de este yacimiento, lo que genera riesgos de concentración.
Autonomía energética reducida: Con solo 13 años de reservas, Perú enfrenta un horizonte limitado para sostener su matriz energética actual.
Impacto económico: El gas natural es clave para la generación eléctrica y la industria, por lo que la reducción de reservas puede encarecer costos y afectar la competitividad.
Riesgo social: La masificación del gas natural, que busca beneficiar a hogares y pequeñas empresas, podría verse comprometida si no se asegura el suministro a largo plazo.
Expertos del sector advierten que es urgente incentivar la exploración y diversificar las fuentes de energía.
Se plantea la necesidad de políticas públicas más agresivas para atraer inversión y garantizar seguridad energética.
El informe también sugiere que, sin medidas inmediatas, Perú podría enfrentar una dependencia creciente de importaciones energéticas, con consecuencias en su balanza comercial y estabilidad económica.
La caída del 9,5% en las reservas probadas de gas natural marca un punto de inflexión para la política energética peruana. Con solo 13 años de autonomía, el país debe acelerar la exploración, diversificación y planificación estratégica para evitar un escenario de crisis energética en el mediano plazo.